Siempre lo supe.

Se quedará quien quiera quedarse.


¿Sabéis ese sentimiento tan extraño que a veces se experimenta cuando tienes la total certeza de que las cosas sucederán tal y como has imaginado? 

Dependiendo de la situación, del momento, de la historia esa sensación puede ser una de las más placenteras posibles a sentir o, por el contrario, ser una de las más dolorosas a existir. Yo, por desgracia, como la mayoría de las veces, la vida decide darte la razón a modo de decepción. Sí. Esperas que las cosas vayan de una manera en concreto, que el río siga su cauce, que el coche siga por la carretera que le lleva a su destino. Sin embargo, en estos momentos, muchas veces no tenemos en cuenta que puede llover, llover tan fuerte, que el río decida crecer, liberarse de sus ataduras y correr por los verdes prados; no tenemos en cuenta que el coche puede tomar un pequeño atajo que le lleve antes a donde deseaba llegar. En conclusión, que todo lo esperado, lo mantenido, lo controlado se escape quedando fuera de nuestro alcance. 
De vez en cuando me paro a pensar cuando supe realmente que todo esto iba a pasar... Y no es tan de sorprender que a pesar de pensar en bienvenidas, sabía fielmente que nunca serían para mí. Que llegaría el momento de ser completamente sustituida porque quizás nunca llegué a pertenecer del todo. Que llegaría el momento de los reproches, de los es tu culpa o quizás la mía. No me malinterpretéis, no es que me encuentre mal, dolida o que escriba todas estas palabras con los ojos a punto de desbordar... No. Simplemente estoy frustrada, llena de rabia, de impotencia, de millones lo sabía y de saber que así ha sido. Siempre ha sido así y siempre lo será, quien quiera quedarse se quedará y hará lo que esté a su alcance para que quieras que permanezca en tu vida. Sin embargo, es mucho más fácil en ocasiones cuando las cosas parecen complicarse un poco, cuando el tiempo nos pide paciencia, cuando la vida nos exige dar un paso al frente, echarnos hacia atrás, recular, perdernos en el miedo, quedarnos en la oscuridad porque, no ver en ocasiones es sencillamente agradable. 

Simplemente lo sabía. Siempre lo supe. 


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