Un simple momento.
Puedes cerrar los ojos ante las cosas que no quieres ver,
pero no puedes cerrar tu corazón a las cosas que no quieres sentir.
Quién les iba a decir que todo acabaría como acabó. Quién les iba a decir que después de tanto y tanto luchar, de atravesar tormentas, de enfrentar desiertos, ninguno acabaría en el lugar que ellos querían. Quién les iba a decir que todo acabaría como acabó. Y es que ahí se encontraban, uno al lado del otro, uno frente al otro, uno sintiendo al otro. Sin embargo, nada de aquello importaba. Por más que quisieran acercarse, miles y miles de kilómetros de distancia separaban lo que un día estuvo tan unido que en sus fantasías divisaban el ser uno. Quién les iba a decir que todo acabaría como acabó. Después de tantas caricias, tantos besos, tantos momentos paseando de mano de la lujuria, tantos momentos paseando de manos del amor. Sin embargo, nada de aquello importaba. Por más que quisieran acercarse, miles y miles de kilómetros de distancia les separaban, les separaban tanto que ni sus almas eran capaces de encontrarse de nuevo.
Cualquiera habría dicho que pertenecían el uno al otro, que se deseaban con tanta fuerza, con tantas ganas que separarles era una injusticia. Cualquiera habría dicho que estaban hechos para ser uno, que estar juntos era su destino, que separarles era un pecado. Cualquiera habría dicho que podrían haber sido todo, que todavía eran todo, que todavía eran... Sin embargo, más allá de impresiones, más allá de deseos, más allá de sueños, la realidad era otra distinta. Se encontraban uno en frente del otro, se miraban el uno a los ojos del otro, fantaseaban el uno con el cuerpo del otro, deseaban tener todo el uno del otro. Todavía con tanto deseo dentro de ellos que reprimir el sentimiento era necesario. Sin embargo, alguien les dijo que se pueden cerrar los ojos ante las cosas que no se quieren ver, pero no se puede cerrar el corazón a las cosas que no se quieren sentir. Y así fue como sucedió. Ninguno fue capaz de reprimir del todo lo que sentía, ninguno fue capaz de olvidar todas aquellas caricias, ninguno fue capaz de despertar de aquellas noches durmiendo el uno al lado del otro, ninguno fue capaz de mantener los ojos cerrados ante las fotografías pasadas, ninguno fue capaz de cerrar el corazón al fundirse en ese último abrazo. Último abrazo en el cual amor y odio tendrían un gran encuentro, donde en duelo batieron la alegría y la tristeza. Alegría de sentirse juntos, tristeza de saber que era sólo el momento, y es que sólo quedaron en eso, en un momento. En un momento de sus vidas en el cual se encontraron, se vieron, se miraron, se sintieron, se vivieron, se disfrutaron.
Un momento en el cual pudieron advertir ser uno.


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