Día de la Jornada Verde.
Hace unos días, tuve la suerte, como en otras ocasiones, de formar parte de la vida de varios niños y hacer de su rutina en el colegio un día más interesante y divertido. Digo que tuve la suerte porque no en todos los colegios se les brinda la oportunidad a los padres/familiares de los alumnos de poder formar parte de actividades escolares. La actividad a la que me estoy refiriendo tiene un nombre muy particular, y se refiere al día completo porque durante todo el día, los alumnos del colegio se van turnando para dar un aspecto más bonito al patio del colegio y al huerto. El día recibe el nombre de Día de la Jornada Verde, y como bien he dicho se trata de concienciar a los niños de que han de cuidar el entorno en el que viven y conviven con más personas.
Yo acudí a ayudar al ciclo de infantil aunque podría haberme pasado la mañana entera ayudando a los distintos cursos que se encuentran en el colegio ya fuera barriendo, plantando plantas, podando los árboles, recogiendo la basura que pueda haber por el patio del colegio, decorando la fachada de los edificios, etc. Esas son algunas de las actividades que los alumnos desarrollan durante ese día, dependiendo del curso en el que se encuentren realizan una tarea u otra. Yo, como bien he dicho, acudí a ayudar al ciclo de infantil, ya que de cierta forma por la edad que tienen necesitan de más supervisión para ciertas actividades. Las actividades que se les destinaron al grupo de cinco años fue quitar las malas hierbas de los arbustos que hay en el colegio y plantar en el huerto lechugas, cebollas y tomates. El profesor, junto con las profesoras de apoyo, dividieron la clase en dos grupos que rotarían para que todos pudieran realizar las dos tareas.
Lo que acabo de contar es un poco para poner en contexto la situación, porque lo realmente importante para mí y lo que más disfruté de aquello es el haber podido compartir con niños su inocencia, sus ganas de trabajar, de aprender, de disfrutar y el haber podido ayudar a esas pequeñas personitas a hacer algo que es probable que muchos nunca hayan practicado. Porque de 26 niños aproximadamente que pasaron por mi grupo, sólo uno había hecho la actividad de quitar malas hierbas en su pueblo con su abuelo, los demás nunca habían hecho algo parecido y ver la ilusión con la que lo hacían era increíble. Está claro que los niños son capaces de mucho si ellos se lo proponen y si nosotros les damos los recursos necesarios para su desarrollo, y así fue como ocurrió. Que todos y cada uno de ellos fueron capaces de hacer, al menos, una montañita con malas hierbas. Alguno utilizó más fuerza e hizo un hoyo en la tierra, pero eso es secundario. Sin embargo, lo que sí es fundamental en estos casos es el apoyo moral constante, que dentro de las correcciones que puedas hacer, el niño se sienta cómodo y sienta que no se lo dices para corregir sus actos porque estén mal hechos, sino porque de la manera correcta o de otra forma va a ser mucho más sencillo e incluso más divertido. Un apoyo moral de palabras gratificantes como "Qué fuerte estás eh, dime qué es lo que desayunas que yo también quiero tener esa fuerza" o "Lo estás haciendo fenomenal" o un simple "Muchas gracias X, lo has hecho genial, no sé qué haríamos sin tu ayuda" cuando hayan terminado. Sus caritas al decirles ese tipo de cosas son completamente de satisfacción e ilusión porque una persona mayor está valorando tu trabajo y esfuerzo con palabras bonitas y reales. Porque cierto es que muchas veces olvidamos que son niños y tratamos de corregir sus errores como si fueran adultos, y nuestra frustración llega incluso a apoderarse de nosotros. Algo muy importante que se trabajó en estas actividades fue la colaboración entre compañeros, la ayuda que pudieran brindarse unos a otros, el compañerismo y el saber compartir ya que el material del que disponíamos para un grupo de 13 niños era de 4 herramientas, y debían turnarse para poder todos disfrutar y ayudar a dejar el patio más bonito. Alguno había que quería hacerlo todo el rato y a algunos había que llamarles para que lo hicieran, porque aunque querían, si no lo hacían no pasaba nada. Y de lo que trataba la actividad era de tomar conciencia del entorno en el que se mueven diariamente, de su cuidado y de que todos debemos colaborar para hacer que el mundo (el colegio en este caso) sea más bonito.
Yo, por suerte, puedo formar parte de este tipo de actividades que el colegio ofrece para las familias de los alumnos y, por un momento aunque sea, puedes incluso llegar a sentirte como si fueras un profesor de aquel nivel, porque al menos yo, estuve sola en mi actividad con los niños que les tocaba practicarla durante una hora. He de confesar que la profesora de apoyo de vez en cuando venía para ver como iba el asunto pero no decía ni una palabra, supongo que eso será algo positivo ya que estaba llevando bien la actividad con ellos. Sólo una vez se quedó ella porque una niña necesitaba ir al baño y quería que yo la acompañase. No cuento esto como algo negativo sino como algo muy positivo a mi parecer, o al menos yo lo siento así. También creo que esta perspectiva se debe a mis deseos de ser profesora y el cariño que tengo a los niños en general, aunque yo me dedicaré al ciclo de primaria, sentirme profesora por una hora de niños de infantil, ayudarles, verme yo sola ante problemas que surgieron, no buscar ayuda por sentirme completamente preparada para afrontarlos, me hace darme cuenta de que cada día estoy más segura de el camino que he elegido, que es el que quiero, ayudarles a ser grandes personas el día de mañana, hacer que les guste ir al colegio, a practicar actividades como estas y a aprender. Que deseen aprender.
Lo comento hoy por motivo del Día Universal de los niños y porque tampoco he tenido tiempo antes de hacerlo. Últimamente la vida no me da para mucho. Para acabar quiero decir que los adultos deberíamos empatizar más con los niños, ponernos en su situación más a menudo porque nosotros también hemos sido niños, nosotros también hemos tenido inquietudes y miedos que nos han aterrado, al igual que hemos disfrutado de muchas otras cosas que hoy en día privamos un poco de ellos a los niños. Por muy conocida que sea esta oración: Los niños son el futuro, es tan real como la vida misma, y no podemos hacer que el futuro sea triste y desolador, sino que esté lleno de esperanza, de ilusión, de personas increíbles con mentes brillantes que se preocupen un poquito más que nosotros de nuestro mundo, de ellos y del futuro.
Y por ello, deberíamos de apreciar un poco más todo lo que conlleva ser niños.
Porque no hay nada más puro y real en esta vida que los niños.


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