Ella.
"Era ella, completa y enteramente ella.
Y de repente la vi. La vi pero no como las cientos de veces que la había tenido delante de mí, no. La vi como nunca antes la había observado, como nunca antes me había fijado. De repente, cada lunar empezaba a tener un sentido para mí, erizaba mi piel con sólo imaginarme el tacto de éstos. De repente, cada pelo de su cabeza empezaba a tener un sentido para mí, un cosquilleo sentía con sólo imaginarme paseando mis dedos entre ellos. De repente todo cambió. Nada de lo que antes había visto era como estaba siendo, había sido como es. De repente empecé a verla, a ella.
Más auténtica, más mujer.
Estaba delante de mí. Mirándome fijamente cuando de repente comenzó a desabrochar cuidadosamente el botón de su pantalón. Ella sabía que me perdía verla con leggins, pero siempre prefería pantalón para hacerme sufrir. Aunque nada que ver con lo que estaba sintiendo en ese momento. Cuando finalmente lo desabrochó y la cremallera bajó, dejó al descubierto un lacito de color rosa que adornaba su ropa interior. En aquel momento me pareció lo más deseable del mundo, aquel lazo de color rosa que adornaba su ropa interior... Sin embargo, y a pesar de que empezó a deslizar el pantalón por sus tan deseadas y sedosas piernas, no pude dejar de mirar su cara. Esa cara... Aquella cara en la que mezcló por un momento la inocencia de la vergüenza y la lujuria de la mujer que era. Esos ojos, esa mirada sobre mí era como fuego que hacía que mi cuerpo estremeciera sin ni siquiera encontrarme cerca de ella. Cuando el pantalón llegó al suelo, sé que levemente comencé a abrir la boca, a lamerme los labios por lo secos que estaban. Entre el cabello que caía por su rostro me miró y se mordió el labio. Dios. Nunca antes me había resultado tan extremadamente sexy como lo estaba haciendo en ese momento. Sus manos empezaron a acariciar sus piernas, subiendo hacia la tripa tapada por la camiseta y la comenzó a levantar... A dejar al descubierto su cuerpo... A medida que iba subiendo, sin yo ser consciente del todo, mis manos empezaron a bajar por el mío, por mi cuerpo. Y cuando por fin no hubo nada que ocultase su cuerpo se acercó al mío, siguiendo el mismo ritual con el mismo deseo de ver, de sentir, de ser con el que yo la había observado a ella.
Puedo decir que en cientos de ocasiones la vi, la miré, la observé, la advertí en un centenar de emociones pero nunca, jamás, la volví a ver la misma manera después de aquel día, porque era ella, completa y enteramente ella...



Comentarios
Publicar un comentario